martes, 25 de enero de 2022

 VIGILAR LA CONDUCTA PÚBLICA NO PUEDE SER UNA FORMA DE CENSURA

No tenemos la menor duda en afirmar que la conducta de todo servidor público, desde el más humilde hasta  el más encumbrado, debe ser vigilada por todos los ciudadanos y por las demás entidades e instituciones que ejercen la importante misión de defender los intereses de la comunidad. Por eso, siempre fueron bienvenidas las normas  anticorrupción, empezando por el estatuto, y la ley anti soborno de 2016.

Sabemos que en el mundo entero, el fenómeno de la corrupción es tan grave y debe ser combatido porque sus consecuencias siempre afectan a la sociedad y, sobre todo, a los sectores que más requieren de la acción gubernamental para superar situaciones de extrema pobreza y de desigualdad en diferentes campos, como la alimentación, la vivienda, la salud, la educación, la ciencia y la cultura, solo por citar algunos, como quedó demostrado en la reciente pandemia del covid 19, que aún  vivimos y cuyas amenazas de nuevas formas no dejan de preocuparnos.

Sin embargo, no existen razones, que tengan fundamento alguno, para que al invocar una campaña en contra de toda forma de corrupción, lleguemos al extremo de establecer como delitos, la denuncia que se haga contra funcionarios o exfuncionarios, ya que también tenemos certeza de que es en el amplio campo de la administración pública, donde con más frecuencias ocurren este tipo de actos, como quedó demostrado en el contrato del ministerio de las tecnologías de la información y las comunicaciones con la entidad centros poblados, con un anticipo perdido de más de setenta mil millones de pesos para llevar el internet a los lugares más apartados de Colombia, pero también los más urgidos, los más necesitados y los más carentes de este servicio de telecomunicaciones para facilitar el estudio de miles de niños y jóvenes de nuestra querida y adolorida patria. 

Las anteriores palabras nos llevan para sumarnos a las campañas de las agremiaciones periodísticas, las entidades defensoras de los derechos humanos, los medios de comunicaciones y otras instituciones que han denunciado el mico escondido en el proyecto de ley que estaba pendiente de su conciliación, y en el que se hacía una aparente reforma al código penal, para que el nuevo delito se configurara cuando se denunciara, como ya dijimos, a funcionarios públicos, para afectar su trabajo.  

Por eso, no es nada nuevo, decirlo y con muchas sinceridad, que es en el sector público, donde suceden con más frecuencias los actos de corrupción, y que solamente se conocen, tan reprochables conductas, cuando son, precisamente, los periodistas, quienes a través de sus medios de comunicación, hacen las investigaciones y luego las respectivas denuncias. Es una lástima que sea así, pero la experiencia nos lo demuestra.

Todo lo antes expuesto nos lleva a denunciar, una vez más, ese intento por tener una ley mordaza, que es contraria al mandato constitucional, tan claro que establece que en Colombia no hay censura sino responsabilidad posterior. Es tan clara la  norma, expresada en el artículo 20, que podemos decir que tenemos libertad absoluta para decir lo que se quiera, para comentar en los términos que se quiera, que es una garantía muy grande, en un verdadero sistema democrático, sin olvidar que se tiene una amplia responsabilidad, pero siempre, después de expresarnos. De allí, el deber celoso de tener pruebas suficientes antes de hablar, de escribir y de denunciar.


miércoles, 17 de noviembre de 2021

 

LAMENTAMOS LA MUERTE DEL GRAN CONSTITUCIONALISTA, DOCTOR JAVIER HENAO HIDRÓN


Quienes tuvimos la oportunidad de conocer al doctor Javier Henao Hidrón, especialmente, desde la docencia, como es mi caso por haber sido su alumno en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana, siempre tenemos y guardaremos de él, muchos recuerdos y sentimientos de gratitud por su entrega a la enseñanza, de una manera pedagógica, que siempre fue excepcional, orientada al mayor aprovechamiento de sus estudiantes.

Su fallecimiento, reciente, ocurrió en la ciudad de Bogotá, aunque visitaba con cierta regularidad a Medellín, donde se la apreciaba y tenía muchos amigos, sobre todo, entre sus colegas, universitarios y funcionarios, que lo recibían con mucho interés porque era portador de sus escritos y obras, algunas con varias ediciones.

De su larga y fructífera trayectoria, destacamos que por más de 50 años estuvo al servicio de la docencia, la investigación y el ejercicio del derecho, que lo empezó como fue juez del municipio de Frontino. Después fue director departamental de Tránsito y secretario de Educación y Cultura de Antioquia. Fue árbitro y profesor, entre otras, de las universidades de Antioquia, de la cual era egresado, y de la Autónoma Latinoamericana. Fue magistrado y presidente del Consejo de Estado y reconocido constitucionalista y académico.

Fue miembro de la Academia Antioqueña de Historia, de la Sociedad Bolivariana de Antioquia, miembro fundador de la Corporación Otraparte y miembro honorario del Colegio Colombiano de Juristas.

También fue presidente de la asociación de antiguos magistrados de las altas cortes, Asomagister. Fue reconocido con múltiples galardones en el ámbito judicial. El último, el 31 de agosto de 2021, cuando la Asamblea de Antioquia y el Concejo de Medellín le entregaron la Orden al Mérito Cívico y Empresarial Mariscal Jorge Robledo y la Orden al Mérito Don Juan del Corral.

Su obra, Panorama del derecho constitucional colombiano, desde 1971 ha sido texto obligado en las facultades de derecho. Otras obras de su autoría, son las siguientes: El poder municipal, 1988. Fernando González, filósofo de la autenticidad, 1988. Uribe Uribe y Gaitán, caudillos del pueblo, 2010. Derecho procesal constitucional: protección de los derechos constitucionales, 2003. Rafael Uribe Uribe, caudillo y mártir, 2017. Gaitán, caudillo del pueblo, 2015. Rafael Uribe Uribe, un gran colombiano, 2014. Asimismo, como gran deportista, se destacó en el baloncesto y fue campeón de ajedrez.

En mi caso particular, el doctor Javier Henao Hidrón escribió el prólogo a la primera edición del libro, Los Periodistas y el Derecho a la Información, el cual tituló: PALABRAS BREVES PARA PRESENTAR UN TEMA EXUBERANTE. Destacamos el último párrafo, cuya vigencia se mantiene hoy y dice: “Cuando el país decida actualizar su legislación no solamente sobre prensa, radiodifusión sonora y televisión sino también en relación con el espectro electromagnético, servicios informativos y de divulgación del Estado, las agencias de  noticias y otros aspectos no menos relevantes en el espacio social que ocupan los medios masivos de comunicación, entonces será más protuberante todavía la importancia de este ensayo”.

 

 

sábado, 16 de octubre de 2021

 

¿DE QUIÉN SON LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN PÚBLICA?

 A raíz de los cambios que se han producido en el canal Telemedellín y en su noticiero, ha surgido un debate que no es nuevo en Colombia y en todo el mundo sobre los medios de comunicación, cuando éstos son de carácter público, entendidos en el sentido de que su titularidad le pertenece y, por eso, son dirigidos por la autoridad, bien sea del orden nacional, local o regional. Con este corto planteamiento estamos ante una situación que debe quedar lo suficientemente clara en la regulación para evitar confusiones hacia el futuro, pero sobre todo, para que la acción del gobernante sea, igualmente, tan bien definida, que no entorpezca la tarea que deben cumplir tales medios de comunicación, como es la independencia, siempre entendida en que están al servicio de la comunidad, pero no son apéndices o entidades adscritas al gobierno de turno para cumplir las instrucciones que éste les imparta.

Precisamente, recordamos que uno de los grandes aportes de la Constitución Política de 1991, cuyos treinta años de existencia estamos celebrando, consiste en haber incorporado a la Carta Magna los derechos fundamentales y su enriquecimiento con la incorporación de los tratados y de los convenios internacionales, que reconocen los derechos humanos y que prohíben su limitación en los estados de excepción y, que prevalecen en el orden interno.

Uno de esos derechos fundamentales lo encontramos en el artículo 20, como el derecho a la información que, por su carácter de universalidad, nos vincula todos, entre ellos, obviamente, a los gobernantes, quienes tiene interés y necesidad de contarle a la sociedad lo que están haciendo en todos los campos, y hacerlo, no solamente por los medios de comunicación pública, sino a través de las dependencias oficiales, que difunden los actos de las autoridades, y las cuales también facilitan el trámite de las solicitudes sobre acceso a la información.

Sin embargo, respecto a los medios públicos, cuando se trate de la radio y de la televisión, éstos deben siempre observar ese carácter de públicos, pero nunca gubernamentales. Allí está la esencia para su adecuado desempeño. Por tanto, reciben del Estado el presupuesto necesario para su funcionamiento, pero la dirección estará en manos de juntas u organismos formados por personas competente, siempre independientes del poder, y con reglas o normas clara su operación.

De esa manera, acatamos el mandato del citado artículo 20, en el sentido de recibir información veraz e imparcial, bien sea de medios privados o de medios públicos, y éstos, a la vez, cumplen la misión que tienen y la responsabilidad social, legal y ética, de manera que se logre el gran propósito de la democracia informativa de contar con la diversidad y la pluralidad de medios para satisfacer el derecho a la información.

Y también debemos recordar que a través de los medios de comunicación, recibimos diversos mensajes. De manera que no sea solo el informativo, sino el de opinión o de juicio de valores, para conocer qué piensan los columnistas y los analistas del acontecer y de los actos del gobierno. El mensaje gráfico, porque las caricaturas tienen un rico contenido, muchas veces irónico y bastante crítico. Y los demás mensajes como el de humor, la poesía, la crónica, los informes especiales, las investigaciones y denuncias. En síntesis, poder contar con una auténtica democracia informativa para que los ciudadanos podamos formar nuestros propios criterios de la vida y también en algunos casos, poder tomar decisiones.

sábado, 18 de septiembre de 2021

 

EL PERIODISMO SIGUE DE LUTO

El luto sigue embargado al periodismo colombiano. Aunque la feria del libro, en Madrid, España, que empezó a mediados de septiembre, y tiene a Colombia, como país invitado, reconforta el ánimo de todos y nos devuelve el espíritu de entusiasmo, porque a pesar del sentimiento de dolor, tenemos que seguir viviendo, porque la vida se compone de alegría y de sufrimientos, de muerte y de nacimiento y de muchas otras circunstancias, algunas positivas y otras tristes.

Por eso, tenemos que referirnos a la muerte del poeta nadaísta X-504, o sea, a Jaime Jaramillo Escobar, y lo primero que hacemos es preguntarnos, ¿quién es este poeta, que deberíamos conocer, no solo sus contemporáneos, sino quienes hacemos parte de la vida literaria colombiana?

Jaime Jaramillo Escobar había nacido en Pueblorrico el 25 de mayo de 1932, muy conocido por los dos seudónimos de Papa Jaime y de X-504. Su vida académica muy rica, como poeta, de gran inspiración. Como Editor, para sacar las mejores publicaciones. Como tallerista para enseñar lo que algunos dicen que no es enseñable. Como Traductor, para permitir conocer otros textos.

Sobre JAIME JARAMILLO ESCOBAR, decimos que su obra se caracterizó por la ironía, el sarcasmo, los juegos paródicos, el lenguaje popular, la irreverencia, y el tono sentencioso con el que satiriza la sociedad, sus costumbres y sus instituciones”.

Recibió en 1967 el premio Cassius Clay de poesía nadaísta, con su libro Los poemas de la ofensa. También publicó Sombrero de ahogado (1983), y Poemas de tierra caliente (1985). Fue Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus. Premio de poesía Universidad de Antioquia. En su Antología Selecta (1987), incluyó poemas de dos libros inéditos: Poesía revelada y Poesía pública.

Y el viernes 10 de septiembre de 2021, murió en Bogotá ANTONIO CABALLERO. No encontramos palabras ni calificativos para nombrarlo, poque fue una pluma ágil para el periodismo, el reporterismo, la literatura, la historia, la caricatura, y en general, para narrar, con su estilo propio, muy lleno de ironía y provocador de la reflexión para no tragar entero.

Recordamos que nació en Bogotá, en 1945, de una familia muy ligada a la élite intelectual. Su padre, el reconocido escritor Eduardo Caballero y su madre, Isabel Holguín, también de linaje académico. Sobrino de Lucas Caballero, muy conocido por su seudónimo Klim, cuyas columnas hacían temblar al establecimiento colombiano y sacudir a la academia. Su hermano, Luis Caballero, fue un destacado pintor.

Su bisabuelo, Miguel Antonio Caro, que fue presidente en la época de la regeneración que comandó Rafael Núñez. Por su cercanía con él, su pluma quedó grabada en los textos de la Constitución de 1886 y en la Academia Colombiana de la Lengua, que dirigió. Es decir, su árbol genealógico está lleno de personas que sobresalieron en distintas disciplinas, entre quienes debemos recordar a su primo Agustín Nieto Caballero, gran educador y formador de generaciones, desde el colegio Gimnasio Moderno.

Una de sus grandes aventuras, diríamos más bien, una de sus grandes obras, fue su activa participación en la revista “Alternativa”, una experiencia periodística que tuvo como lema, empezar a pensar es empezar a luchar. Fue jefe de redacción de la revista. En ella escribieron las mejores plumas, encabezados por Gabriel García Márquez y Enrique Santos Calderón.

En El Espectador, también estuvo vinculado, cuyas columnas eran esperadas con especial interés. Igualmente, en la revisa Semana, sus escritos eran adornados con momentos históricos, con especial énfasis en la crítica a la institucionalidad. Es autor de la novela de ficción, Sin remedio, que cuenta las aventuras y las desdichas de Escobar, que era un poeta frustrado en la ciudad de Bogotá de los años 70. ÉL la definió como «una novela sobre lo difícil que es escribir poesía». Para seguir lamentando la muerte de estos dos hombres de letras, tendríamos que extender y bastante. Por eso, esa tarea se la dejamos a nuestros queridos lectores.

 

martes, 17 de agosto de 2021

 

EL INTERNET COMO SERVICIO PÚBLICO, ESENCIAL Y UNIVERSAL

 

Tenemos una noticia muy importante que compartir con todos ustedes y que deberá ampliarse lo más que sea posible, con varios comentarios. Se trata de contarles que por la Ley 2108 del 29 de julio de este año, se estableció en Colombia que internet es un servicio público esencial y universal.

Para hablar de internet, de manera que podamos comprenderlo en forma clara y elemental, tenemos que decir que estamos en el vasto campo de las telecomunicaciones que, en esencia, significan las comunicaciones a través de la distancia. Recordemos que hace muchos años, empezamos con el servicio de telefonía, cuando solo era posible las comunicaciones entre poblados no muy lejanos.

Poco a poco, se fue ampliando para abarcar a varios pueblos. Solo se transmitía la voz. También se contaba con la telegrafía para la transmisión de mensajes, pero escritos y breves. Para los medios de comunicación se tenía y se tuvo por muchos años, el servicio de los teletipos, que eran mensajes escritos, cuyos contenidos los ampliaba el periodista.

La radio fue otra gran revolución, que poco a poco alcanzaba grandes desarrollos. En las ciudades y en los pueblos, se creaban emisoras, cuya cobertura era limitada, y la mayoría transmitía mensajes religiosos, complacencias y música. Luego llegaron otros contenidos como las noticias y el humor.

Más tarde, nos llegó la televisión, que transmitía mensajes de voz e imágenes, pero en blanco y negro. A Colombia llegó y se inauguró el 13 de junio de 1954, para celebrar el primer año de gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Fue parte de la época, que conocemos como de la violencia entre liberales y conservadores.

La televisión, al igual que la radio, lograban grandes avances, con resultados positivos para las personas porque ya tenían instrumentos que les permitían mejor las comunicaciones.

Como todo en la vida ha sido y será un proceso científico y tecnológico, en el ya citado campo de las telecomunicaciones se alcanzaban grandes avances, pero en secreto y de la mano de los servicios secretos de los estados, que se vigilaban los unos y los otros, sobre todo, después de la segunda guerra mundial, y luego, el largo periodo de la guerra fría, con las grandes potencias, como eran entonces Estados Unidos y Rusia.

El surgimiento de la internet tiene lugar en la década del 60 y estando en plena guerra fría, que es cuando Estados Unidos crea una red exclusivamente militar, con el objetivo de que, en el hipotético caso de un ataque ruso, se pudiera tener acceso a la información militar desde cualquier punto del país.

Para entonces ya existían los computadores, aunque con un uso muy limitado. Por eso, nos podríamos extender mucho en la mera parte histórica, pero lo que nos proponemos es destacar que este enorme salto en la historia de las telecomunicaciones está unida a la internet, como el gran instrumento que ha hecho los cambios más grandes en todos los campos de la vida cotidiana, empezando por la casa, seguida del lugar del trabajo, en el estudio, en las oficinas y en todos los campos.

Y en el caso de Colombia, hace varios años, empezando por las universidades y entidades del Estado, se contaba con el servicio de internet. Hoy, es indispensable en todas las actividades. Por eso, la Ley 2108, dispuso establecer el acceso a Internet como uno de carácter esencial, con el fin de propender por la universalidad para garantizar y asegurar la prestación del servicio de manera eficiente, continua y permanente, permitiendo la conectividad de todos los habitantes del territorio nacional, en especial de la población que, en razón a su condición social o étnica se encuentre en situación de vulnerabilidad o en zonas rurales y apartadas.

Por eso, tendremos que ampliar los comentarios de esta norma, que, con toda certeza, serán muchos los beneficios que traerá porque está relacionada con el derecho a la información.

 

lunes, 19 de julio de 2021

 

LUTO EN EL PERIODISMO COLOMBIANO

 Esta semana, el periodismo colombiano está de luto. Se  nos fue el gran maestro, referente, paradigma y padre del reporterismo y de la investigación, Germán Castro Caicedo, de quien es mucho lo que tendríamos que decir, en especial, sobre su invaluable legado, que lo constituye todo su trabajo, que es una rica y amplia cantidad de obras, que resumen el enorme quehacer de una vida dedicada al periodismo y que fueron el producto de un reportero que recorrió el país, para investigar, documentar y difundir los muchos acontecimientos de una Colombia diversa, plural, contradictoria, pero a la vez, llena de esperanzas, así luego llegaran muchas frustraciones.

Gran parte de la historia de nuestra nación está en sus libros y en sus actividades periodísticas. Empezamos por recordarlo por el programa “Enviado Especial”, que empezó en 1962 y del que se emitieron 1018 capítulos, de media hora cada uno, y que por muchos años nos mostró y nos contó los sucesos, las vivencias, los problemas y demás situaciones de las regiones, de las fronteras de nuestra gran geografía, lo mismo que acerca de los personajes, algunos de ellos, hasta exóticos. De temas tan complejos como el narcotráfico, la guerrilla, los paramilitares, la brujería, la hechicería, la tierra, los baldíos, el contrabando, los migrantes. Esa es la pluralidad, la diversidad y las contracciones de Colombia.

Acerca de sus libros, que suman 34, recordamos con nostalgia, su primera obra, llamada “Colombia amarga”, cuya narrativa desgarradora por la forma como contaba una realidad, aparentemente, invisible, nos conmovió a quienes tuvimos la fortuna de leerla, porque la misma constituía una especie de abrebocas para anunciar el contenido de las siguientes obras.

Precisamente, como lo dijo él: “Más del 90% de mis libros han salido de titulares de prensa y televisión, como La muerte de Giaccomo Turra, Karina y mi alma se la dejo al diablo, historia que salió de una fotografía de El País, de Cali, y en la que duré cuatro años de investigación, porque buscar la gente en la selva es difícil”, recordó en aquel entonces, como lo afirma el periódico El Colombiano, en la página 24 de la edición de este viernes 16 de julio de 2021.

Aunque sea en forma muy breve, nos cuenta el periódico El Tiempo, también de este viernes 16 de julio, que “Castro Caicedo decía que su pasión por la crónica la comenzó a los 14 años, cuando leyó a los cronistas de EL TIEMPO y El Espectador de esa época. ´Gente como Camilo López y Germán Pinzón. Esos ´monstruos´ lo llevaban a uno prácticamente de la mano por todo el país. Luego empecé a estudiar. Descubrí que tenemos un legado de quinientos años de crónica en Colombia. Comenzó con los cronistas de Indias, que vinieron con los conquistadores españoles. América nació al mundo gracias a ellos y esta tradición se mantuvo en las nuevas colonias. En Colombia la crónica se catapultó en los años 80 y 90. Yo vengo de esta época”, recordaba.

En síntesis, German Castro Caicedo fue una pluma que jamás se superará. Por eso será siempre fuente para las actuales y las nuevas generaciones, en especial, para el periodismo de investigación y de denuncia, porque de verdad, sí que estamos urgidos de que haya muchos y muy buenos periodistas que se dediquen a investigar, en todos los campos de la vida nacional, porque necesitamos conocer con certeza qué pasa, por ejemplo, con la inversión de los recursos en obras públicas, necesarias para las comunidades, que quedan empezadas porque dizque se ha gastado todo el presupuesto. Luego tienen que hacerse adiciones, que se vuelven repetitivas, pero sin que las obras concluyan y las necesidades de las comunidades aumenten sin solución alguna. En esos casos tiene que haber denuncias.

Nos queda, entonces, rendir un homenaje de gratitud y reconocimiento al escritor, periodistas, investigador y gran maestro del periodismo y la literatura, Germán Castro Caicedo.


lunes, 14 de junio de 2021

LA VISITA DE LA COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS A COLOMBIA

Termina esta semana una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a Colombia. Estaremos atentos a sus conclusiones porque son muy importantes, ya que permitirán conocer mucha información que, por diversas razones, no es de acceso para todo el público y, especialmente, para algunos medios de comunicación. Sin embargo, el tema de fondo consiste en las garantías que ha ofrecido el Gobierno Colombiano a los manifestantes y el comportamiento de éstos, en las marchas, muchas de las cuales han sido creativas al asumir comportamientos culturales, como conciertos, actos de teatro y disfraces.

Hasta allí, estamos ante un ambiente democrático, que permite expresar las razones de dichas marchas. Son como ventanas de escape, que permiten que sus palabras sean escuchadas por todos los participantes, y al mismo tiempo, que sean amplificadas por los medios de comunicación. De esa manera, estamos ante una comunicación pública, cuyo contenido, con seguridad, es por todos, compartido.

Si ese ambiente se mantuviera en todas las manifestaciones, podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS que visita a COLOMBIA, no vería nada extraño. No obstante, cuando en las manifestaciones se lanzan piedras a la policía, cuando ésta responde con gases lacrimógenos y persigue a los manifestantes, pero, además, cuando utiliza algunas armas que, aunque se ha dicho no son peligrosas, en la práctica se ha demostrado todo lo contrario, cuyas consecuencias son en algunos casos, pérdidas de ojos, golpes en otras partes del cuerpo y hasta la muerte, la COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS que visita a Colombia, tiene que ver situaciones muy graves y delicadas.

Cuando de las marchas salen personas que lanzan bombas incendiarias a la policía, que, en muchos casos, son quemamos. Cuando se causa daños a bienes ajenos y a bienes públicos. Cuando se paralizan servicios públicos esenciales como el transporte. Cuando hay bloqueos en varias vías, la COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS que visita A COLOMBIA, tiene que ver situaciones muy graves y delicadas.

Por consiguiente, el tema central sobre los derechos humanos en Colombia, que todos pedimos que sean siempre respetados y que todos, siempre debemos respetar, y las garantías que debieron darse para las manifestaciones, será la verificación que haga la COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS que visita a Colombia, que será una misión bastante compleja y que reclama la máxima imparcialidad, porque sus hallazgos, sean positivos o negativos, vincularán a las autoridades, en todos los órdenes, a los organizadores de las manifestaciones, a los participantes, a los medios de comunicación y a la ciudadanía en general, porque están en juego, los choques o las colisiones de varios derechos fundamentales de todos los manifestantes, empezando por la vida.

De la claridad, el reconocimiento y las recomendaciones que haga la COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS que visita a Colombia, seguramente, que ha de salir un conjunto de conclusiones para aplicarlas en nuestra vida cotidiana y en las relaciones que tengamos con los demás, y con las autoridades, y de éstas con nosotros y de nosotros con ellas. Y que ojalá todos seamos conscientes de cambiar, positivamente, el comportamiento con el otro, para vivir en paz con la diferencia, como parte esencial de la vida.