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domingo, 9 de octubre de 2016

 EL LENGUAJE DESPUÉS DEL PLEBISCITO


El domingo 2 de octubre de 2016, tuvo un lugar el plebiscito, con el fin de aprobar o rechazar los Acuerdos de La Habana. Como sabemos, por el NO, hubo una mayoría que, para algunos es una especie de empate técnico, pero que superó los votos por el SI. Por eso, desde el mismo domingo por la noche y después de la corta alocución del presidente Juan Manuel Santos Calderón, quien aceptó los resultados pero se comprometió a seguir en la lucha por la tan anhelada y esquiva paz, han pasado varios días que corresponden a una semana llena de acontecimientos, la mayoría orientados a que entender que los resultados del plebiscito tuvieron un efecto que significa, en esencia, que no hay colombiano o serán muy pocos, los que no quieren la paz.

Uno de los primeros hechos destacados lo constituyen las reuniones del presidente Santos con los expresidentes Andrés Pastrana Arango, quien fue solo, y Álvaro Uribe Vélez, que estuvo acompañado por varios de sus congresistas y el exprocurador Alejandro Ordóñez, todos ellos, promotores del NO, para escucharlos porque tienen sus razones para la posición que defendieron. Siguieron las manifestaciones espontáneas de estudiantes que piden seguir en la búsqueda de la paz en las principales ciudades del país.

El aspecto más importante que debemos destacar en el alusivo al lenguaje que se está empleando después del plebiscito para pedir la paz. En esencia, se insiste en mantener la tregua bilateral, para que no haya más enfrentamientos armados. Que los negociadores, tanto del gobierno como de la insurgencia, entiendan que están ante al clamor de una nación entera que pide a gritos que no haya más derramamiento de sangre. Que el Nobel de Paz para el presidente Santos, es un mensaje claro y concreto, para que en esta oportunidad, sí logremos los acuerdos que se necesitan para caminar hacia la paz. Que no haya insultos, ni expresiones de odio, de rechazo, ni recriminaciones, porque entonces, no terminaríamos de hablar unos para que sigan otros y así cada bando, cada vez tendría más que decir y poco que proponer para recorrer un mismo camino.

En otras palabras, la invitación es tan elemental como tan fundamental: hablar un lenguaje que invite, en forma permanente a la reconciliación, al respeto del uno frente al otro, a la convivencia pacífica en medio de nuestras grandes diferencias sociales, culturales, políticas, económicas y religiosas. Es decir, que desarmemos los espíritus del ánimo violento de relacionados entre sí, por medio de la palabra cargada de provocación, para que ella sea, en forma definitiva, el instrumento que nos va a permitir un diálogo nacional permanente, para que de esa gran conversación escuchemos propuestas para ir mejorando las condiciones de vida de los colombianos, tanto en la zona rural, como en los pueblos y en las ciudades, de manera que hagamos el tránsito de la utopía a la realidad cotidiana, y así, construyamos, con la participación de todos, un nuevo país y una nueva cultura de vida.


martes, 12 de octubre de 2010

La campaña electoral de 2011

En Colombia, como es ya una tradición, con mucha anticipación a las elecciones, empieza el proceso de "dar a conocer" o hacer "el mercadeo de los candidatos". En otras palabras, son los medios de comunicación, los instrumentos a través de los cuales, los aspirantes a los cargos de representación popular: gobernador, diputado, alcalde y concejal, informan a la comunidad sobre sus aspiraciones, comunican los equipos de trabajo que los acompañan y hacen las propuestas de gestión. Y, en seguida, inician los recorridos por municipios, veredas y barrios, para atraer a los electores. Se trata de un proceso bastante interesante, para que mediante, el uso de todos los recursos de la palabra, se llegue hasta el mayor número de personas, mediante un contacto, en la mayoría de las veces, personal, para convencer al votante.

Dicho proceso tiene varios componentes. El primero, es obviamente, el relacionado con las estrategias de comunicación. Entran en juego, los publicistas, los periodistas, los comunicadores, los fotógrafos, los diseñadores, los maestros de ceremonia y, seguramente, los consejeros y asesores de imagen. En esencia, tienen que saber llegar a las personas, no a las masas. Tienen que llamar la atención, motivar, convencer y mantener el interés del ciudadano que es contactado.

Otro componente esencial, que se desprende del anterior, es el político, es decir, explicar las razones que justifican la participación en el proceso electoral. Tendrá que hablarse de ciudadano y todo el contenido de este concepto. De los derechos que tiene frente al gobernante, de los deberes que éste asume frente, no sólo ante quienes eligen, sino ante toda la comunidad, de los medios de control del gobernante por parte de otras autoridades y de la misma sociedad, de su deber de rendir cuentas, de su comunicación y contacto permanente con la sociedad. En fin, son muchos los aspectos para tener en cuenta.

Y así, podrían sumarse otros tópicos que guardan relación con el proceso informativo y electoral. Por tanto, esta oportunidad se constituye en una reflexión anticipada que nos corresponde a todos: profesionales del periodismo y de las comunicaciones, directores de medios de comunicación, ciudadanos y autoridades. Todos, debemos detenernos a pensar sobre nuestro vínculo con este acontecimiento que también tiene mucho que ver con la cultura política, porque, por naturaleza somos "animales políticos" en el buen sentido de la palabra. Por eso, vivimos en sociedad, con reglas de juego claras a las que nos atenemos en las actividades cotidianas y son el marco de referencia para la convivencia civilizada, pacífica, deliberante y libre, que nos permite suficiente ilustración, para después tomar las decisiones.

Por consiguiente, el llamamiento es para estar atentos a todo el acontecer que se avecina y a la información y demás mensajes que nos proporcionen los medios de comunicación, para participar en la deliberación pública, consultar a los candidatos, hacerles sugerencias, y ejercer los derechos a la libertad de expresión, en el amplio sentido político que ya estamos viviendo.