LOS 130 AÑOS DEL PERIÓDICO EL
ESPECTADOR
Estamos celebrando los 130 años de existencia del
periódico EL ESPECTADOR, que nació en la ciudad de Medellín, el martes
22 de marzo de 1887, como un periódico político, literario, noticioso e
industrial, dirigido por don Fidel Cano
Gutiérrez. Desde ese momento este medio de comunicación impreso ha estado
íntimamente ligado a la historia de Colombia, especialmente, por la defensa de
las ideas liberales, de la clásica liberta de expresión, de la democracia, de
los derechos civiles hoy derechos fundamentales y por la vigilancia constante y
crítica, en los primeros años de vida, a los actos del régimen de la
regeneración, cuya caída en 1930, infortunadamente, no la pudo apreciar don
Fidel Cano, porque su muerte tuvo lugar el 15 de enero de 1919, y luego,
como una posición permanente de “perro guardián de la democracia”, como lo han
llamado teóricos en la materia.
Desde 1887 hasta su muerte en 1919, don Fidel
Cano tuvo que afrontar situaciones muy delicadas con su periódico El Espectador, ya que fue censurado y
suspendido varias veces, y hasta le tocó pagar cárcel. Precisamente, le
aplicaron, en forma abusiva, el llamado artículo transitorio k) de la Constitución de
1886, que rigió hasta 1898, cuando la Ley 51 de dicho año, el Estatuto de
prensa, reformó la Ley 157 de 1896, que estuvo dos años sin aplicación. Aquel
artículo facultaba al gobierno para dictar las normas que considerara
indispensables para prevenir o reprimir, mientras se regulaba en materia de
prensa.
De esta época, es de especial significado la Ley 61 de
1888, llamada por don Fidel Cano, como “la
ley de los caballos”, porque fue motivada su promulgación en la muerte de
caballerías en los municipios de Palmira y Pradera. Su propósito consistía en
poder reprimir administrativamente los delitos que afectaran el orden público,
imponer sanciones a su juicio -o a su arbitrio- como las penas de
confinamiento, expulsión del territorio, prisión y pérdida de derechos
políticos por el tiempo que se juzgara indispensable.
Sin que hagamos una historia completa del periódico,
porque requeriría más tiempo y más espacio, al menos, debemos recordar que de
1930 hasta 1946, con el corto período de gobiernos liberales, hubo una relativa
tranquilidad y paz para el trabajo de los periodistas y de los medios de
comunicación. Sin embargo, tal situación cambió sustancialmente, desde 1949,
cuando el presidente de la república, Mariano Ospina Pérez, mediante el estado
de sitio, cerró el congreso, que estuvo inactivo hasta 1958, y decretó la
censura para la prensa y la radio. El siguiente gobierno, de Laureano Gómez, y
Roberto Urdaneta Arbeláez, quien lo reemplazó, continuó el estado de sitio y la
censura. Un corto alivio llegó con el gobierno del general Gustavo Rojas
Pinilla, pero terminó con la muerte de estudiantes que protestaban en las
calles de Bogotá. Después vino el frente nacional, de 1958 hasta 1978, y
podemos decir que también hubo una relativa tranquilidad en el campo
periodístico.
Vinieron luego acontecimientos a los cuales El Espectador les debió hacerle frente,
investigando y denunciando, como las grandes defraudaciones, el tráfico de
estupefacientes, el auge de la guerrilla, el surgimiento del paramilitarismo, y
el negocio del narcotráfico, que, en suma, constituyeron graves y profundos
problemas de orden público con la muerte de candidatos presidenciales, jueces,
y magistrados en la toma del palacio de justicia, procesos de sometimiento a la
justicia por los autores de delitos atroces, y hasta la muerte de don Guillermo
Cano, director de El Espectador, el 17 de diciembre de 1986.
Llegamos a la Constitución Política de 1991, y por
fortuna, respirando un ambiente de esperanzas en todos los campos de la vida
nacional, y en especial, del periodismo, porque la Carta Magna consagró el
derecho a la información, como derecho fundamental, al igual, que el derecho a
fundar medios de comunicación. Con esta gran apertura, El Espectador, que dejó de circular un tiempo, regresó como
semanario y ahora es diario, y celebra, con nosotros, los periodistas, sus 130
años de vida, que puede tener muchos calificativos y nosotros preferimos decir,
que son año de lucha incondicional y permanente.
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